Verona, en guerra contra el aborto

Il giornale spagnolo di Barcellona “La Vanguardia” dedica un lungo speciale a Verona, intervistando, tra gli altri, anche il nostro Matteo Castagna, responsabile del Circolo Cattolico tradizionalista Christus  Rex. Un solo errore, forse dovuto ad una svista da parte della giornalista, è che noi non abbiamo più alcun rapporto politico con Forza Nuova, da almeno due anni. Il nostro interlocutore politico è la Lega.

Verona, en guerra contra el aborto

Ya hace cuarenta años que Italia legalizó el aborto. En 1978 se aprobó la ley 194, que permite que las mujeres puedan interrumpir libremente el embarazo durante el primer trimestre, y también después si la salud del feto o de la madre se encuentra en riesgo. Pese a la fuerte influencia que todavía ejerce la Iglesia católica en este país, pocos se habían atrevido a cuestionar públicamente una medida defendida con uñas y dientes por los sectores más progresistas.

Pero ahora, los nuevos vientos conservadores que soplan en todo el mundo también lo hacen en Italia. Con la ultraderechista Liga al frente del Ejecutivo, algunos ayuntamientos están aprovechando para poner la 194 en el punto de mira. Verona, en la conservadora región del Véneto, parece estar en la vanguardia. La ciudad de Romeo y Julieta, de 250.000 habitantes, se convirtió en octubre en la primera del país en declararse oficialmente “a favor de la vida”.

Es decir, que el Ayuntamiento, gobernado por una lista de derechas, aprobó una moción que, además de esta declaración, incluía la donación de fondos a iniciativas antiabortistas de organizaciones privadas y eclesiales y el lanzamiento de un proyecto regional para convencer a las mujeres embarazadas de dar en adopción a sus hijos no deseados. La medida provocó una fuerte polémica a nivel interno después de que la jefa de grupo del Partido Demócrata (centroizquierda) en el Ayuntamiento, Carla Padovani, decidiera unirse a la Liga alegando motivos morales.

La cruzada antiabortista no se ha quedado en Verona. Otros ayuntamientos importantes de Italia, como los de Roma, Milán y Ferrara, comenzaron a discutir mociones similares en cuestión de semanas

“Falta cultura de la vida. En un periodo histórico en que Italia se encuentra en un declive demográfico pavoroso porque no hay recambio generacional, si no hacemos más hijos significa que no hay esperanza. Cada ayuda a una madre que acoge una vida es dinero bien gastado para la sociedad”, dice en su despacho en el Ayuntamiento el autor de la moción, Alberto Zelger, concejal de la Liga. Lleva un pin dorado en la solapa con la huella de un feto de entre diez y once semanas para demostrar que en esta etapa del embarazo, el feto es “una vida a todos los efectos”.

La cruzada antiabortista no se ha quedado en Verona. Otros ayuntamientos importantes de Italia, como los de Roma, Milán y Ferrara, comenzaron a discutir mociones similares en cuestión de semanas. Según Zelger, ha recibido numerosos e-mails de otros representantes locales que quieren reproducir su medida.

El liguista veronés asegura que se siente respaldado por los médicos italianos. Aunque practicar un aborto sea totalmente legal, las mujeres de este país no lo tienen nada fácil para interrumpir la gestación porque la ley también ampara el derecho a la objeción de conciencia. Ahora, más del 70% de los ginecólogos italianos se declaran contrarios a practicar abortos por motivos morales o religiosos. El porcentaje crece notablemente en el religioso sur de Italia, donde en algunas zonas los objetores llegan al 90%. En el 2017, en Molise (sur) sólo había un médico, Michele Mariano, dispuesto a practicar abortos. Se encargaba de más de 400 al año él solo. Los datos del Ministerio de Sanidad italiano muestran que el número de abortos en Italia ha decrecido mucho en la última década. Si en el 2004 se practicaron casi 140.000, en el 2016 fueron algo más de 86.000. Pero un grupo de médicos liderado por la doctora Silvana Agatone, presidenta de la Asociación Libre Italiana de Ginecólogos por la Aplicación de la Ley 194/78, cuestionan estas cifras porque aseguran que en realidad hay muchos más abortos, que se practican en la clandestinidad, y piden al Gobierno que garantice el cumplimiento de la ley.

En Verona, además, algunas asociaciones católicas antiabortistas están comenzando a organizar eventos para expandir sus ideas con dinero y medios para ello. Una de ellas es Christus Rex, un grupo local conectado con los neofascistas de Forza Nuova que hace campaña para el retorno de la familia “tradicional”. “Nosotros colaboramos con las fuerzas que piensan como nosotros. Hoy son los populistas y soberanistas”, asevera su presidente, Matteo Castagna. “La moción lo único que hace es apoyar la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. Estoy satisfecho de que en Verona haya empezado un debate que se ha trasladado a otras ciudades para defender la cultura de la vida. Lo que antes era el medievo vuelve a ser el verdadero progreso”, continúa Castagna, que dice que no será completamente feliz hasta que la 194 haya sido eliminada.

Los conservadores católicos veroneses cuentan con un buen aliado. Les apoya el ministro de Familia italiano, Lorenzo Fontana, que también es de Verona, y se ha marcado como prioridad en los próximos cuatro años reducir el número de abortos. La Liga considera que una de las causas de la baja natalidad en Italia (de 1,3 hijos por mujer, igual que en España) es el aborto. “En muchos casos –ha dicho Fontana– las mujeres deciden no tener hijos por una preocupación económica. Me gustaría que el Estado ayudara a estas mujeres a entender que, ante la duda, lo mejor es tener un hijo”.

El ministro Fontana es el mismo que en sus primeros días al frente del Ministerio aseguró que las familias gais no existían, que las ayudas serían sólo para las parejas tradicionales y que con la inmigración no se resuelve el problema demográfico italiano, porque “con los costes sociales de la integración sería mejor financiar el aumento demográfico ya integrado”. El líder de la Liga, Matteo Salvini, tuvo que salir a desmarcarse ante las críticas recibidas. Pero Fontana no le es lejano. Se formó junto a él en los pasillos del Parlamento Europeo,y son tan amigos, aseguran en Verona, que Salvini hasta fue su testigo de boda.

A nivel nacional, la Liga no está planteando abiertamente su agenda ultraderechista en cuestiones sociales porque está atada de pies y manos por el contrato de Gobierno que sellaron con el Movimiento 5 Estrellas (M5E). “Parece que Verona ha vuelto a la Edad Media”, se lamentaba Mattia Fantinati, un diputado grillino veronés después de la aprobación de la moción. De momento, Salvini se ha concentrado en la batalla contra la inmigración, que le está dando resultados electorales mucho más inmediatos. Pero eso no significa que hayan dejado de librar esta guerra. En uno de los más famosos mítines de campaña en Milán, el ministro del Interior juró con un rosario en la mano. En sus redes sociales, pide que las escuelas instalen el belén y pongan crucifijos para preservar la tradición católica italiana. También el senador Simone Pillon presentó una propuesta de ley para reformar el derecho de familia para las parejas divorciadas y la custodia de los hijos que enfureció a las feministas porque, entre otras cosas, creen que ataca al miembro de la pareja con menos ingresos, normalmente las mujeres, en un país donde la brecha salarial es todavía muy notable. El temor entre los progresistas es que si el Gobierno actual cayera y la Liga ganase unas hipotéticas nuevas elecciones con el apoyo de los otros partidos de derechas, tendría las manos libres para hacer retroceder al país también en estos asuntos.

“Esta moción no va contra la ley 194”, señala Zelger. “Pero si me pides mi opinión, pienso que es una ley profundamente injusta porque hace prevalecer el derecho de los más fuertes sobre los más débiles. Es una carnicería”, subraya. Ahora está muy satisfecho porque la ciudad acogerá en marzo el próximo Congreso Mundial de las Familias, en el cual Salvini ya ha anunciado su presencia. “La moción es una carta de presentación estupenda”, sonríe el concejal.

Verona, además de haber inspirado la mayor historia de amor de William Shakespeare, es una de las ciudades donde la extrema derecha italiana ha dejado siempre una huella más profunda. Fue el bastión de la Gestapo en Italia y el lugar donde Benito Mussolini decidió reconvertir su partido fascista en 1943. También en las décadas de los setenta y los ochenta, la ciudad fue un foco para los terroristas de extrema derecha, incluyendo a los neonazis Ludwig. El club de fútbol de la ciudad, el Hellas Verona (en segunda división), se ha ganado una mala fama por algunos de sus aficionados de la grada de animación en curva sur, que han llegado a entonar cantos ensalzando a Hitler.

“Es el laboratorio de la extrema derecha”, apunta Giulia, una activista de la asociación feminista Non Una Di Meno, que prefiere no desvelar su apellido. “La Liga siempre ha trabajado aquí las batallas católicas más conservadores. Prepara todos estos frentes para que luego lleguen a nivel nacional. Por desgracia, el cuerpo de la mujer también se ha convertido en una batalla política”, explica.

Non Una Di Meno es uno de los grupos feministas que están alzando la voz desde hace meses en Italia para concienciar de que no se pueden dar pasos atrás ni siquiera a nivel local. En Verona, el día que el Ayuntamiento aprobó la moción antiabortista, una veintena de activistas de este grupo se vistieron con el uniforme rojo y blanco inspirado en El cuento de la criada, de Margaret Atwood, una distopía que imagina una sociedad sin libertades en la que el papel de las mujeres se reduce a parir. La fotografía de ellas en el piso superior del Ayuntamiento mientras los concejales declaraban la ciudad “favorable a la vida” estuvo en todos los periódicos italianos. Las feministas se unieron después en una marcha multitudinaria en Verona, y también han protagonizado concentraciones en toda Italia para protestar contra la iniciativa de reforma de la ley del divorcio del senador Pillon.

“El problema es que antes estas cosas pasaban pero no eran relevantes. Ahora sí, y la clase política no ve que puede hacer un daño considerable a la ciudad. Un estudiante homosexual se lo pensará dos veces antes de pedir su Erasmus aquí”, lamenta el joven ingeniero Tommaso Ferrari, que en esta legislatura fue elegido en el Ayuntamiento por una lista de centroizquierdas.

Ferrari, ante la visita de una periodista extranjera, no quiere perder la oportunidad de mostrar que Verona no es sólo una ciudad conservadora. Mientras a nivel nacional retumba la moción contra el aborto, decenas de jóvenes veroneses llevan años movilizándose con pequeñas iniciativas apartidistas para volver a tomar las riendas de la ciudad. El ejemplo más gráfico se encuentra en Veronetta, un barrio al otro lado del río Adige que hasta hace muy pocos años tenía muy mala fama. Era el lugar donde se concentraba gran parte de la inmigración, y también donde Salvini fue para criticar que “los italianos son minoría en sus propias casas”.

Pero en los últimos años los jóvenes han tomado el barrio para relanzarlo con nuevos locales. No en vano es aquí donde se encuentra la universidad. También aquí, a quince minutos a pie del centro histórico, abrió hace seis meses el primer hostal para viajeros jóvenes. “Es un barrio multiétnico que se está revalorizando. La mala fama viene de los años noventa, pero nosotros no hemos tenido ningún problema”, cuenta uno de sus propietarios, Matteo Sachetti. “Pintan Veronetta como el barrio peligroso, cuando es el más vivo de la ciudad”, insiste Ferrari.

En una cafetería étnica de Veronetta se reúne un grupo de jóvenes para contar sus iniciativas para cambiar la fama de la ciudad. Por ejemplo, Alvise Trincanato, de 29 años, preside una asociación que organiza eventos en espacios urbanos desconocidos, como conciertos o actividades de bellas artes con voluntarios. Matteo, que no quiere decir su apellido, ha creado un portal para publicitar actos para jóvenes e impulsar zonas más allá del centro histórico. En la misma Veronetta, Mattia Tramonti y Serena Realti, ambos de 32 años, han empezado un ciclo de eventos culturales en un jardín abandonado.

“El problema es que es una ciudad provinciana, en la que hay demasiados prejuicios y etiquetas”, destaca Trincanato. La mayoría de sus amigos se han marchado a otras ciudades más grandes o al extranjero, pero ellos luchan para que puedan regresar. Las dos almas de Verona, de momento, conviven en paz.

 

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